, ,

El tiempo del turismo

De nuevo el mal tiempo hace su aparición en Semana Santa. Llueve en casi toda España y los turistas que se han desplazado a zonas como la costa valenciana se encuentran con que no pueden disfrutar del famoso sol y playa, pero tampoco del turismo rural por un factor externo a ellos. Y es que uno de los problemas del turismo en España es que depende en gran medida de un elemento exógeno como es el tiempo atmosférico, que al mismo tiempo es su mejor recurso. Me recuerda, salvando las distancias, al sector industrial, donde las multinacionales generan trabajo y riqueza a escala local pero al mismo tiempo les hace dependientes de éstas y por tanto de alguna forma rehenes de intereses económicos privados. Ante ello se propugna el desarrollo endógeno como un tipo de desarrollo que potencie los valores locales propios como fuente de generación de riqueza y desarrollo al mismo tiempo sostenible. Salvando las distancias en el turismo podríamos pensar que pasa algo semejante, dependemos demasiado del tiempo atmosférico para el desarrollo de la actividad turística…o no. Por eso creo que desde los destinos, desde el lado de la oferta, es necesario potenciar la diversificación de los productos turísticos. No sólo es necesario acudir a nichos de mercado cada vez más específicos sino hay que flexibilizar tanto la oferta como sea posible para minimizar los impactos negativos de situaciones como ésta. Toda esta reflexión gira entorno a una anécdota que me ha sucedido esta mañana: estaba en la Tourist Info de El Campello (Alicante) y ha empezado a diluviar, una mujer ha entrado y ha pedido a las informadoras turísticas un sitio donde ir con niños con este tiempo. Lo que la mujer pedía no era sólo un producto familiar sino también adaptado a una circunstancia extraordinaria y por tanto había que generar una oferta concreta. En este caso la respuesta ha sido facilitarle espacios cerrados donde a las informadoras les consta que podías acudir con niños, desde espacios de ocio y de tiendas hasta museos con un componente adecuado a los mismos, desde un aspecto recreativo a uno cultural e incluso con la posibilidad de aunar ambos. Es más, se ha ofertado algo más allá del propio municipio, incluyendo a los municipios vecinos, lo que demuestra que estas profesionales han sabido entender el concepto de destino y de satisfacción de cliente, en estas circunstancias importa más que el turista se vaya contento pese al mal tiempo que intentar forzarlo a quedarse en un espacio delimitado por aspectos administrativos.

Por tanto considero que estas son dos claves que van a definir el éxito o el fracaso en la competitividad de los destinos: un producto turístico flexible que supere los límites municipales y entienda el destino como un aspecto territorial y unos recursos humanos que sepan adaptar ese producto a la realidad del momento, haga el tiempo que haga y en las circunstancias más adversas. Al fin y al cabo estamos hablando de desarrollo endógeno y de la cualificación de los recursos humanos, dos temas que vienen de muy atrás pero que siguen siendo una de las claves en el desarrollo de los destinos. Si somos capaces de gestionar ambos aspectos seremos capaces de cumplir la premisa de “al mal tiempo buena cara” y que el turista se vaya con una sonrisa bajo la lluvia.