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I Carrera Amstel Sin Blog Kart

Nunca me ha gustado demasiado la competición, casi prefiero ese eufemismo que habla de copetición, como si al final no fuera lo mismo, una lucha entre varios por un solo objetivo. La Fórmula 1 no me supone una emoción especial a esta edad en que la vida es nuestra carretera y el asfalto empieza a derretirse tras nosotros. Pero dicen que hoy en día todo se basa en emociones, en experiencias, en sentir algo diferente que por un momento nos evada de un presente no siempre tan feliz como imaginábamos. Es entonces cuando echo la vista atrás y me recuerdo en el salón de la casa del pueblo, los Domingos por la mañana, sobre las doce, viendo Estudio Estadio en esas sesiones maratonianas que no acababan nunca, escuchando las carreras de motos del gran Jorge Martinez Aspar y las de coches, donde nunca había españoles porque no llegábamos a la altura de esos monstruos de la carrera como el desaparecido Aitor Senna. Tampoco entonces me emocionaba la Fórmula 1 pero sí que me da cierta morriña pensar en época y trasladar ese sentimiento de niñez a la actualidad, esa niñez de la que quizás nunca debimos salir. En ocasiones mi padre cogía unos cacahuetes y una cerveza Águila y se sentaba junto a mí a verlo, a pesar de que no le gustaba y es que ahora me doy cuenta de que lo que le gustaba era sentarse junto a mí y compartir algo.

Treinta años después una acelerón de un coche me devuelve al presente. Ya no veo la tele sino que veo Internet, no leo periódicos sino Twitter, no hablo por teléfono fijo sino chateo y ya no leo libros sino blogs. Pero hay más cosas que han cambiado: en la Fórmula 1 resulta que hay dos españoles que suenan a todas horas, Fernando Alonso y De la Rosa, ejemplos dicen de tenacidad. Pero es más resulta que en Valencia, mi ciudad natal, existe nada menos que un circuito urbano de Fórmula 1 que todos los años hace temblar las calles de la ciudad ante los rugidos de esos leones del asfalto. Y además de todo ello resulta que tengo un pequeño blog donde hablo de mi día a día profesional salpicado de emociones personales.

Levanto la vista y veo un email en mi bandeja de entrada: concurso “Vive tu Valencia Street Circuit con Amstel”, en el que me invitan a participar en la I Carrera Amstel Sin Blog Kart el próximo Jueves 16 de junio con un suculento premio tras una verdadera competición sin eufemismos. Decido que voy a participar básicamente porque de repente llegan a mi cabeza las carreras de mi infancia de pilotos con nombres impronunciables en circuitos imposibles y ahora me encuentro con pilotos españoles en el circuito de mi ciudad; recuerdo la cerveza de mi padre en su mano y resulta que este evento lo patrocina la heredera de aquella marca, actualmente Amstel y encima con el apellido Sin que permite disfrutar de una buena cerveza sin alcohol; me recuerdo de pequeño con siete años y medio y miro ahora a mi hijo mayor de siete años y medio y me veo reflejado en sus ojos caídos y bondadosos, recuerdo a mis amigos con los que jugaba en la calle y veo ahora a mis nuevos amigos de Internet a los que retaré y jugaré ese día como Raquel Gómez o Carballo, recuerdo los libros del escritor Alejandro Dumas y resulta que ahora el jurado será el bloggero Octavio Rojas…

Y definitivamente voy a participar porque quiero dejar el pasado donde está, quiero  disfrutar el presente tal y como llega y quiero construir el futuro junto a una persona maravillosa a la que he conocido y con quien quiero ver el Gran Premio de Europa el próximo día 26 de junio, porque representa la esperanza en mi futuro y quiero sentarme junto a ella a ver la carrera y a contarle lo que la Fórmula 1 y lo que ella han supuesto en mi vida casi sin quererlo, sigilosamente, como el sonido de los coches que se pierden en el horizonte de sus pupilas.