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¿A qué huele el amor?

Hace poco más de un año encontré un nuevo amigo. Tal y como pasa en las amistades conforme conoces a alguien lo vas queriendo más y más y cada vez que tratas con él es una pieza que va conformando el puzzle de la amistad.

Cuando lo conocí encontré muchas similitudes entre nosotros: siempre estaba sonriendo, la sonrisa es la clave de una vida feliz, le encanta el chocolate, también esto considero que es una de las claves de una vida feliz ;-), es muy activo, no puede estarse quieto, a mi me pasa lo mismo, siempre tengo que hacer algo, en cambio, a la hora de concentrarse en algo importante es capaz de hacer cualquier cálculo espacial y matemático, bueno, yo no tanto pero si que es verdad que cuando me concentro saco adelante las cosas.

También es muy alto, como yo, ahora mido 190 cms y un día quise ser jugador de baloncesto, él no es tan alto pero porque es más pequeño que yo, de hecho esta noche he soñado que medía 220 cms y lo miraba de abajo a arriba. Le gusta mucho el deporte, como a mi, tiene velocidad y fondo, yo en cambio sólo tengo velocidad pero aun así me defiendo bien. Le encanta Internet, como a mí. Es muy cariñoso, eso es muy importante en la vida, dar cariño a los demás. Le encanta comer, como a mi, nos pasaríamos ambos el día en la cocina delante de la nevera. Es generoso, si le das algo lo comparte y a mí también me gusta compartir lo que tengo. Adora a su madre, yo también adoro a su madre, bueno y a la mía.

La primera vez que hablé con él no lo entendí bien, se acercó a mi lado y me susurró a mi oído una palabra, no la entendí, pero cuando le pedí que me la repitiera me dijo “chocolate” al oído y me señaló con la mano dónde estaba, no consideré que fuera interesado, ya que cogí un trozo de chocolate para él y otro para mí (me sirvió de excusa).  Poco a poco hemos seguido viéndonos, todos los meses y cada vez lo quiero más. Según me cuentan en el colegio es una máquina y está al nivel de todos sus compañeros en casi todo y muy por encima en memoria visual, de un vistazo es capaz de memorizar una biblioteca y saber qué libro ha cambiado de lugar, en eso no me parezco a él, la verdad es que me siento bastante inferior en eso pero él lo entiende y nunca me hace sentir inferior, lo hace como un juego y eso me gusta.

Pero realmente hay un problema mayor y que me preocupa relativamente, hay otra cosa en lo que somos distintos, en la forma de comunicarnos: tengo que reconocer que me cuesta mucho mostrarme como realmente soy, siempre estoy atado a ciertas normas de la sociedad y muchas veces he de ser “diplomático” y no digo lo que siento,  eso me provoca problemas de comunicación porque, aunque soy muy extrovertido y tengo muchos amigos en Facebook, realmente no todos son amigos de verdad. Es el clásico de si uno tiene que mostrarse tal y como es o ser diplomático y quedar bien con todos. En cambio mi amigo sólo dice lo que siente, es impresionante la capacidad que tiene para decir en cada momento lo que le sale del corazón, casi de forma instintiva y, como es tan natural, a la gente no le molesta porque él es así. Además tiene una capacidad enorme de abstraerse de todo y concentrarse en su mundo y cuando está ahí dentro es feliz, de vez en cuando sale y hablamos peor luego vuelve a él, no sé lo que pensará en muchos momentos pero sé que es feliz porque no para de sonreir, hasta sus ojos sonríen!!.

Me siento un poco discapacitado a su lado, si es verdad que la comunicación , como mínimo, es cosa de dos, tengo menos capacidad que él de estar en sociedad, a menos que sea actor y esté siempre actuando pero como no es así es agotador. Por suerte me ha tocado nacer en un era realmente hermosa, donde a la gente cada vez se la discrimina menos por sus capacidades, donde la diversidad es sinónimo de riqueza, donde la constitución defiende los derechos de todos, donde hay posibilidades laborales para todos, donde hay colegios públicos  (y también privados) en los que los profesores se vuelcan con todas las personitas. Estoy  orgulloso de vivir en un mundo así porque permite que mi problema se minimice, porque me doy cuenta de que no hay nadie normal y el concepto de normalidad no existe, porque lo normal es ser individuos distintos con cruces de adeenes (adn) múltiples, alcanzando la forma más compleja de combinaciones matemáticas y que por tanto dan lugar a la diversidad más grande que hay. Menos mal que queda gente en el mundo así y mi amigo me respeta como soy, me sonríe cuando me ve, me da chocolate, me coge de la mano, grita mi nombre y hasta me huele ¿a qué huele el amor? Seguro que él lo sabe.

Me paso la vida hablando de mapas, que al final son abstracciones algebraicas de la realidad (mapamáticas le llaman algunos), de racionalidades del espacio, pero la realidad no existe porque cada uno nos construimos una como defensa ante la vida, aún sabiendo que al final la partida la vamos a perder. La realidad depende de la visión que cada uno tenemos de ella, si os preguntáis si me gustaría ser como mi amigo, tener sus capacidades, la verdad es que no, me gusta como soy,  cada uno debe estar feliz consigo mismo, pero lo que realmente me gustaría es hacer un mapa de su cerebro, conocer su mundo como quien abre un libro y encuentra historias que le llevan a mundos fantásticos.

De momento me conformo con seguir a su lado y verlo cada dos semanas, con su sonrisa eterna y sus ojos azules como los ángeles y que, abiertos de par en par, me dejan entrar en su cerebro y descubrir el mapa del tesoro, que no es más que el tesoro de haberlo conocido. Gracias.