Un geógrafo que nunca deja de enseñar y de aprender
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Un geógrafo que nunca deja de enseñar y de aprender

Un geógrafo nunca deja de enseñar y de aprender, la curiosidad es la clave de la ciencia, el querer conocer y yo, como geógrafo, tengo la suerte de poder enseñar e intentar fomentar dicha curiosidad sobre la relación entre el ser humano y su entorno, al tiempo que no dejo de aprender y estudiar día a día.

Cuando empecé a escribir este post estaba sentado en la mesa de una de las aulas de la Universitat de València en la que he dado clases durante 9 años. Por aquel entonces dejé un puesto (no fijo, pero renovable anualmente) en un ayuntamiento como Agente de Empleo y Desarrollo Local, para venir a dar clase por una cuarta parte de mi nómina y en ningún momento me he arrepentido.

En realidad he sido profesor toda mi vida, mis padres lo son ambos y de pequeño siempre me decían “¿de mayor serás profesor no?” y yo decía que no, que jamás, pero con 22 años y recién acabada la carrera surgió la oportunidad de dar clases en unas Aulas de la 3ª edad (ahora Universidad de la Experiencia, que es lo mismo, pero con eufemismos y palabras políticamente correctas) y, desde entonces, no he parado de enseñar.

Además de dar clases, siempre he compatibilizado mi tarea con la de geógrafo y consultor, eso tiene la parte positiva de tener dos visiones complementarias: en la Universidad aportaba mi experiencia y practicidad empresarial y en el mercado aportaba las metodologías y el método científico de la academia. Pero también es verdad que me ha implicado un doble esfuerzo, dos trabajos al mismo tiempo.

La Universidad es otro mundo y no lo digo en sentido negativo ni positivo, sino objetivo, es otro mundo. Es una organización que se rige unas reglas específicas y que es necesario conocer. Quizás por ello, desde fuera, ofrezca una percepción distorsionada: entre la gente que se deja deslumbrar por la marca como si fuéramos dioses, hasta la gente que la desprecia como arcaica como si fuéramos demonios. Ni lo uno ni lo otro, o ambas cosas, pero en el equilibrio está todo.

Tener un puesto fijo en la Universidad no es fácil (como en otros tantos sitios), yo he estado 9 años de profesor asociado, estos últimos cobrando 356,83 € y pagando como cuota de autónomo (imprescindible para ser asociado) 364,22 €. Aunque si bien es cierto que no es mi única actividad, podría decirse que pago 7,39€ por trabajar en la Universidad lo que es, desde un punto de vista meramente económico, insostenible. No voy a hablar de culpas ni quejarme, es una situación que he asumido voluntariamente durante 9 años y nadie me ha obligado a nada, al contrario, agradecido de poder haber trabajado aquí…hasta ahora

Este año han cambiado mis prioridades, por 1ª vez estoy centrado en un solo proyecto al 100%, Play&go experience, donde compatibilizo las tareas de marketing con las comerciales en el área de turismo y los análisis de localización inteligente o geomarketing que, humildemente, vamos desarrollando poco a poco. A nivel personal he sido padre por tercera vez y esa felicidad lo cambia todo.

Supongo que la edad también es un elemento a tener en cuenta, mis 45 años es ese momento de tu vida en que estás estable y relativamente tranquilo, donde sabes que el mundo es líquido y todo puede cambiar en cualquier momento.

En definitiva, hace unos meses decidí dejar voluntariamente la Universidad, ese tiempo extra que desarrollaba además de mi trabajo principal ahora lo voy a dedicar a mi familia, que al fin y al cabo es la cosa más importante de mi vida (ya se sabe que las cosas importantes de la vida no son cosas). Creo que lo hice bien, como se deben hacer las cosas, avisando con mucho tiempo de antelación, preparando mi salida, asumiendo los trabajos para cerrarlo todo y salir por la puerta igual que entré, con la cabeza bien alta.

Me consta que hay gente que valora mi paso por la Universidad, compañeros que reconocen mi aportación desde “aquí fuera”, desde el mundo empresarial y como activista de la geografía profesional, que he intentado llevar por todas partes a través de Internet. También me consta que hay otros que no me soportan o me desprecian. Si no das que hablar es que lo que haces no tiene demasiado sentido. En cualquier caso, me quedo con la parte media de la campana de Gaoss: ni trolls ni fans, un montón de gente a la que he intentado ayudar estos nueve años, cientos de alumnos a los que he intentado dar una visión realista de este mundo cambiante y apasionante al que se van a enfrentar.

Seguiré con algunas charlas en universidades de toda España, seguiré investigando y publicando artículos, seguiré haciendo libros, porque es algo que me encanta y quiero pensar que algo aporta, pero sin la presión de publicar en revistas que indexen ni cumpliendo unos parámetros, sino de forma más libre, el sueño de cualquiera: escribir por el mero placer de hacerlo, compartir el conocimiento, debatir.

No voy a criticar a la que ha sido mi casa (horterada de frase, por cierto) durante tanto tiempo, porque sería una falta de respeto a los profesionales que han sido mis compañeros hasta ahora, pero sí me llama la atención ver en el laberinto en que se ha metido la investigación científica y universitaria: sólo importa publicar en revistas o editoriales de impacto, que puntúen mucho y éstas, a su vez, cobran por publicar. Para explicarlo a los externos a la Universidad: para publicar no sólo has de investigar y generar conocimiento, sino que además lo regalas y pagas para que aparezca en esas revistas que puntúan mucho y leen pocos (en términos de cantidad, no de calidad).

Y si publicas en congresos u otras instancias las actas acaban generando un enorme pdf que se presenta unos días mediante comunicaciones (a veces ni eso) y se queda ahí, en la nube, sin que la gente se dé cuenta del potencial de talento y el conocimiento acumulado que se pierde.

La gente cree que es muy fácil entrar en la Universidad y no lo es, hay que tener el título de Doctor (a mi me costó 7 años), después tener un Currículum Vitae con publicaciones bien puntuadas, estancias en el extranjero, tareas de gestión en la propia organización, cursos impartidos y recibidos, idiomas, etc. Con eso solicitas a un organismo certificador, la ANECA, que te habilite para ser, por ejemplo ayudante Doctor. Meses después, en caso de que así sea, tienes que esperar en cola a que en tu departamento se dé la posibilidad de que salga una plaza como ayudante Doctor, por un periodo normalmente de un año renovable, por un sueldo bastante humilde. Después hay que esperar a que haya jubilaciones o bajas, pero muchas veces no se cubren con nuevos profesores, sino con asociados, es decir, un catedrático equivale a 3 asociados. Como ejemplo, la gente que se licenció conmigo tardó unos 20 años de media en obtener su plaza.

Así que sí, dejo la Universidad y sigo mi camino, quizás vuelva (no digo que no), porque el mercado es incierto, pero de momento el ser capaz de reducir mis proyectos al mínimo (en cuanto a cantidad) y liberarme no sólo de clases, sino de tutorías, correcciones, prácticas, trabajos fin de carrera y prácticas (que van en el sueldo, por cierto), me permiten estar en un modo más zen, focalizar mucho más mi trabajo, ser más eficiente pero, sobre todo, disfrutar de cómo crecen mis hijos y poder jugar con ellos.

El pasado ha sido duro, pero o se triunfa o se aprende y yo he aprendido mucho, el futuro está por llegar, así que me quedo con el presente. Gracias a todos los que me han acompañado en esta etapa de mi vida, a compañeros y a alumnos, sigo mi camino, volveremos a cruzarnos en el mapa de la formación, un geógrafo nunca deja de enseñar y de aprender, porque todo sucede en algún lugar.

Un geógrafo que nunca deja de enseñar y de aprender